#175 Posa, esquizofrénico, posa

A veces —muchísimas veces; de hecho, en la mayoría de las ocasiones; en realidad, si soy honesto, siempre— existe a lo largo del día un evento que me provoca la necesidad de escribir. Lejos de redactar desde una perspectiva cerrada e intimista como la que ofrece un Diario, ese suceso me lleva hacia la escritura omnisciente encima de una alfombra mágica. Disgregado, entonces, de la realidad, y con la pose de un esquizofrénico que malinterpreta el entorno, yo escribo mientras uno de mis otros yoes (el más cabal de todos) transita el resto de la jornada cumpliendo con sus deberes y obligaciones. Yo vengo. Escribo. Catalizo. Sin romper la esencia de la palabra en el papel, es más: respetándola, venerándola y estudiándola; transformo en vocablos todo aquello que excita mis sentidos ciñéndome con abyección al imperio del lenguaje.

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