#191 En la mente

Ah, la mente… (tú ahora estás dentro de mi mente aunque no seas consciente de ello). La mente emerge en ese vasto océano, que es muy calmoso y también picado y despiadado, un mar negro, pero un mar azul.

La mente… dicen los filósofos que el mundo no puede ser sino la mente del individuo.

He decidido hace unos pocos segundos permitirte a ti y sólo a ti un corto paseo por mi mente. ¿Ves el pasillo de un hospital con la luz entrando al final del mismo a través de una ventana que dibuja un día claro pero cubierto, cubierto con esa luz diáfana y difusa?

Estás en mi mente. Así es mi mente…

#187 Et voilà. La solución

¿Y si la solución al problema está compuesta por los mismos caracteres (por las mismas vocales y las mismas consonantes) que conforman esta pregunta? No tienes ganas de estudiar esa propuesta, ¿verdad? Ausente la energía durante un largo periodo de tiempo, no es descabellado afirmar que ya no tienes ganas de estudiar la cuestión, no sólo extrayendo las consonantes y las vocales de esa pregunta, mezclándolas, después, a ver si se enciende alguna bombilla, por tenue que sea su luz, sino, mucho más peligroso, de nada; no tienes ganas de absolutamente nada. Y, sin embargo, dada tu extraña naturaleza (cuanto menos atípica) intuyes que allí donde no quieres escarbar, ni en la cuestión inicial que abre esta redacción ni en las frases que, arabescamente, la prolongan, tienes no obstante el pálpito de que escribiendo podrías despejar la ecuación. Lo intuyes, lo intuyes… Sujeto. Verbo. Predicado. Ipso facto en tu mente los elementos resuenan y pintan y resbalan y se estrellan y se salvan. ¿Y si la solución al problema está compuesta… En comparación con tus otras obligaciones, cuando escribes te tornas en un ser productivo. Alumbras cientos de redacciones; estableces focos en los subtemas; abarcas toda la catedral (pese a no haber en realidad ni un mísero ladrillo puesto encima de otro mísero ladrillo) dentro de tu cabeza, a través de los dedos sobre el teclado, a través de todos esos recursos literarios que como un niño jugando con curiosidad, y no como el adulto que eres, no como el adulto que se sacó la carrera; sino de un modo inocente, amplio y luminoso, alumbras, y alumbras… y sigues alumbrando.

#184 Lo amorfo

No alcanzo con las palabras mis pensamientos. Curioso, ¿verdad? ¿Tú crees que hay pensamientos sin lenguaje? ¿Crees que el ser humano tiene “algo” que no puede acotarse por el imperio del idioma? A riesgo de cometer una torpeza, yo diría que sí. Al menos en mi caso, tengo dentro del cerebro una serie de elementos —lo amorfo según la literatura— que brega inútilmente por salir al exterior.

¿Podría pintarlo? No lo sé…

¿Son notas musicales? Tampoco lo sé.

¿Es este párrafo? Quizá…

Sólo sé que está ahí.

Está ahí (aquí).

02:06AM

11 de Noviembre de 2020

#151 Breves. Grieta

Le contestó a su mujer, no sin cierta irritación, que aquella noche no iba a cenar, porque prefería seguir escribiendo durante un rato. “A las doce subo a la cama. Tengo que terminar esta página”. En el rostro de su esposa él advirtió la insatisfacción con total claridad. “Ana, por favor, necesito estar solo y concentrarme en la escena que escribo”, pero Ana cerró la puerta de modo brusco antes de que él terminara la frase.

#135 Breves (I). Sexo

Ondulante como un alga en el fondo del océano, aquella blancuzca cortina se movía de un modo tan lento que resultaba artificial a la vista. El aire incorpóreo y tenue motivaba las insinuaciones de la tela. Tras ella, potente como los antiguos focos que usaban los gangsters en sus crueles interrogatorios, la luz del sol explotaba… y pintaba… las curvas de aquella cortina.

<Cortina ondulante>. <De perenne movimiento>. <Luz del sol>.

¿Nos levantamos ya? pregunta con su voz dulzona, aguda y femenina.

No le contesto.

Pongo mi mano en su abdomen desnudo y la deslizo lentamente hacia su pubis por debajo de sus bragas.

Empiezo a besarla…