#34

A veces me pregunto si debo simplemente disfrutar del arte, si debo dejarme llevar por su corriente, sin importar el lugar a donde me transporta… a veces, muchas veces, hablo conmigo mismo y me esfuerzo por conocer el motivo o motivos que me impulsan a escribir. ¿Por qué debo crear yo una obra literaria? Estoy convencido de que, de algún extraño modo y con un doble juego de manos, el arte a mí me proporciona el conjunto absoluto, una suerte de bofetada doble porque, primero, me sumerjo en el interior de la obra artística y, sin embargo, acto seguido, exige ésta un amargo peaje y me dice en voz baja “Únete a nosotras, danos lo que tienes… somos como tú.” Son como yo, pero me resulta tormentosa la actividad creadora, supone acceder al paritorio de las palabras con el aire en contra, supone otorgarles la forma a través de una rabia absoluta, porque no se dejan manosear con facilidad. Sentado frente al portátil, y mientras escribo —tal y como estoy haciendo ahora en este instante—, contemplo una senda.

Es la distancia que media entre la historia que bulle en mi cerebro y la que las palabras dejan emerger.

Anuncios

#33

Todos los comienzos requieren una visión global de lo que el texto expondrá con mayor detalle a continuación. Así, yo, en estas primeras frases, te daré una panorámica cenital de la ciudad, como si volases en un helicóptero, y te mostraré cómo uno de los millones de habitantes de esa ciudad se afana por saber quién es, por saber cuál es su lugar en el mundo. Si la destreza narrativa se pone de mi lado, te darás cuenta de un hecho de gran singularidad: dos fuerzas principales gobiernan el destino de los ciudadanos.

La primera atañe a…

#32 Perspectiva

Nunca antes me he sentido así. Bueno… la verdad es que me he sentido así muchas veces, lo que quiero decir, no obstante, es que esta última vez he tomado plena consciencia de mis sentimientos. Y no sé si lo que pretendo mostrar con estas líneas es esa toma de consciencia, o si es en definitiva cómo me siento, o ambas cosas. No lo sé… Lo cierto es que atravieso una época difícil en mi vida. Siento un gran desasosiego. Vivo en un estado de insatisfacción continua. Excepto mis estudios —y este blog— nada parece interesarme lo más mínimo. Estudiar. Leer. Escribir. Nada más. Todo lo que cae fuera de ese círculo no me interesa en absoluto; al contrario, me incomoda. Sigo respirando, sigo comiendo, haciendo ejercicio, masturbándome e intercambiando pequeñas conversaciones con las personas que me rodean, pero todo resulta muy superficial. He sufrido una escalofriante pérdida de frescura, he agotado la inocencia. He hecho tantas cosas en mi vida, he vivido tanto y he vivido tan rápido… que ahora, aunque no quiera, aunque me resista, el entorno parece repetirse hasta la náusea. Distintos lugares y diferente gente pero el esquema es siempre el mismo: cambian sus caras; interpretan los mismos papeles.

Estoy (me percibo a mí mismo) en perspectiva; en perspectiva es la mejor definición que puedo dar para explicar este fenómeno. Es fácil de entender: no es lo mismo el amor en primera persona que un ensayo sobre el amor. Aunque el texto sea magnífico, aunque muestre una descripción precisa y exacta del amor, hay algo que el texto no puede jamás abarcar. La narrativa del amor, por muy brillante que sea, no puede tocar esa nota extrema e indescriptible que es el amor cuando te roza la piel.

Me siento capaz de escribir sobre muchos aspectos de la existencia humana pero, curiosamente, aunque puedo proporcionarte una fotografía nítida sobre ellos, tengo la impresión de que la parte fundamental de los mismos, en este aséptico plano, no está a mi alcance, no puedo escribirla. Si bajase a la arena, si abandonase esta perspectiva, podría sentir el amor en primera persona, pero entonces no sería capaz de escribir; no sería objetivo; sería torpe e impreciso, y mi análisis sería sesgado, mi descripción, pobre, y mi estilo sería un estilo atormentado.

Lo anterior fue escrito en el año 2015. No había terminado la carrera. Sentía una necesidad de escribir apremiante. Ahora mi depresión está más arraigada si cabe.

#31

Sentirme abatido y triste dejó hace mucho tiempo de ser una novedad; ese hiriente y recién llegado status al que no lograba adaptarme se ha transformado en una especie de continuum (lacerante y doloroso en igual medida) que por desgracia no puedo repeler. Hoy las fuerzas me abandonan en mi lucha contra él.

#30 Notre-Dame (el fluir del tiempo)

Nadie parece ser capaz de predecir el futuro, nuestra única certeza a este respecto, paradójicamente, es que no podemos librarnos de la incertidumbre. ¿Quién pudo prever —ayer por la tarde— que ardería —hoy— la catedral de Notre-Dame?

Hasta límites insospechados, hasta más allá de lo inimaginable, me fascina saber cuán alejados estamos de conocer nuestro porvenir.

#28

Me estoy convirtiendo en otra persona distinta, quizá ya lo he hecho. No, no, no… por momentos vuelvo a ser el mismo que fui, pero luego me doy cuenta de que ya no soy ése. La verdad, si he de ser honesto, es que no sé quién soy. Lo cierto es que ya no sé nada y tampoco quiero saber. No me importaría dejar de vivir. Yo fui un niño que cruzó el umbral de la adolescencia con solvencia y que después pasó a ser joven, pero ahora… pero ahora se está convirtiendo en otra persona distinta, quizá ya lo ha hecho. No, no, no… por momentos vuelve a ser el mismo que fue, pero luego se da cuenta de que ya no es ése. La verdad…

… estoy en un iba a escribir «círculo vicioso» pero creo que no lo haré, estoy, repito, en un proceso de…

No puedo más (pero al final puedo). Quiero no poder; quiero descansar, pero un ente autónomo me gobierna. Yo desaparecí, joder, desaparecí hace mucho tiempo, ¿por qué tú, ente autónomo, no te vas lejos y me dejas en paz de una puta vez?