#59 Quintuplica el narrador

[Narrador 1] Esta noche, en mi paseo nocturno habitual, en esa caminata que misteriosamente se ha convertido en un género de opiáceo a cuyo efecto no pienso renunciar nunca, has leído bien: nunca, esta noche, insisto, he tenido, sufrido (el verbo sufrir vierte el significado de manera más directa), sufrido, repito, una auténtica revelación; revelación que si yo fuera creyente o religioso (algo que no soy; no, no lo soy), describiría con la palabra epifanía: una revelación vasta, al término de mis andares tardocrepusculares, y amarga, muy amarga, porque… porque sólo la posesión de una máquina del tiempo, un artificio con que curvar el continuum espaciotemporal sobre sí mismo (para retroceder a otro mundo), podría haberme sacado del pozo: mediaban cincuenta metros al portal de casa… cuando he sido sacudido por mi propia mente; recorriendo el juego de espejos que propone la ausencia de libre albedrío en el análisis neurocientífico, porque, admítelo, nadie (ni tú, ni yo, ni nadie) sabe qué incita, en primera instancia, el pensamiento, nadie conoce el desencadenante de la actividad neuronal, ¿por qué pienso lo que pienso?, ¿por qué escribo lo que escribo?, ¿por qué eres como eres?, de ese insufrible modo, he sido abofeteado: debí querer más; debí besarla más; debí aferrarme con más fuerza a la existencia; no fui consciente, no sé qué puedo maldecir ahora para liberarme de esta bilis que me corroe. No me di cuenta del tesoro que a mi alrededor brotaba. Ay, ¡ay!, si vuelvo a nacer, ¡si vuelvo a nacer!, prometo capturar, prometo capturar como hacía mi viejo maestro de la escuela con un tomavistas de 8mm, lo prometo, ¡lo prometo…, créeme!, juro; juro capturar mi vida entera.

[Narrador 2] Qué vergüenza, por favor. ¡Mascullendo yo solo por en medio de la calle! Si me ha visto algún vecino, habrá alucinado seguro. Qué época más divertida y, sin embargo, qué enervante me resulta pensar, sentir que no valoré todo aquello en su justa medida.

[Narrador 3] Existen distintos abordajes cuando quieres escribir algo; el librito Ejercicios de estilo, por Raymond Queneau, es una muestra magnífica de cómo narrar el mismo evento (¡el mismo!) de formas diferentes. No obstante, me temo que lo dicho por mi otro yo más arriba es fruto de todos los libros que ha leído, que, paradójicamente, yo también he leído.

[Narrador 4] Njdfoifjrghsohgnh ssrsxrsubb,, hkhkj

¡¡¡¡Me da igual si rompo el teclado; la juventud es ignorancia!!!!

Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante. Ignorante.

Burro.

¡Imbécil!

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[Narrador 5] […]

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#58

¿En qué creen los ateos? Juan Arnau Navarro, para BABELIA. ELPAÍS

Los valores no pueden derivarse de los hechos pues sin ellos no podríamos siquiera percibir, tampoco pueden ser objetivos, porque no es posible abstraerlos de los organismos que los sostienen. En este sentido, la ironía, el humor y el pensamiento nómada son eficaces ante ruidosos dogmas.

#57

Aire sopla, aire…

No encuentro modo mejor de explicarlo: aire con aire. Otras veces me he dejado llevar manera de escribir esta por satisfactorio muy e, indescriptiblemente, resulta a mí me. Al infierno desciendo me dices, claro, hombre, claro… pero en cuenta también ten que aire con aire, ¡aire!, es… Convencido (paradójicamente en los instantes de insensatez y desvarío) por aire el de la libertad dejarme llevar debo… y entonces no soy yo el que escribe, pues dedos míos los en las teclas del portátil deslizo yo sin cortapisas. Y nadie de que un objetivo intrínseco esta técnica adolece duda, primero el soy yo, embargo sin, noche cada pasear a salgo sin llegar ninguna meta a. Luna azulosa, ¡qué espectáculo!, la noche se muestra con la. Los recuerdos de un pasado remoto me vienen a la cabeza y difícil me resulta distinguir su existencia de la de un simple elemento onírico. ¿Fue soñé algo que… de ocurrió u verdad? A mí, ya que la vida cobra sentido a través del primer amor, con las primeras lecturas y los primeros desengaños, importa no me en absoluto. ¿Qué da más si película una vi, que si viví realidad en episodio ese?

¿Acaso belleza la cambia?

#56

Es indiscutible, es triste, es definitivo: es un fracaso la televisión; reproduce un cruento déficit, representa la trenza social y el triunfo del ejercicio de control que el Estado ejerce sostenida e ininterrumpidamente sobre la población. Son la normalidad y la vulgaridad. Ciudadanos facilones, anestesiados, en la escuela los del cinco pelao, a quienes no interesan las bibliotecas, los museos, la historia, la ciencia… El rectángulo de la tele no te incomoda en absoluto, marca siempre un mismo compás, te sorprende pero no te asusta, te zarandea pero no te sacude. Fuegos artificiales que no logran lo que deberían lograr los fuegos artificiales: que soñases… que soñases como sueña en un libro, por ejemplo, el protagonista de La muerte en Venecia.

Es baladí la tv…

#55 Kafkiano

La curiosidad puede llevarte muy muy lejos. Tú, no obstante, verás la anterior frase como un apotegma propio de la vejez, simples cosquillas en el cerebro que no se traducen en un hecho palpable. Tú, que, probablemente, nunca te has dejado arrastrar por ella, la verás como una consecuencia anecdótica del funcionamiento de la mente humana. Pero, ¡ay!, si tiras del hilo…

Mirad si soy independiente que a muy tierna edad leí a Kafka porque vi en un artículo el adjetivo kafkiano y no supe qué quería decir. ¡Por supuesto que lo busqué en el diccionario, hombre! Mi decisión de leer a Franz se debió a que la curiosidad me inflamó. ¿Cómo es posible que le hayan dedicado un adjetivo? En mi inocencia e ignorancia no lograba entender por qué, no conseguía imaginar qué podía haber escrito Kafka para que el mundo le regalase esa reverencia. ¿Absurdo? Si es absurdo, pensaba y ahora al escribir lo recuerdo con una grata emoción, si es absurdo… ¿por qué es bueno? ¿Por qué es brillante?

Entré en una librería, compré La metamorfosis, el librero me preguntó si era para regalo y le dije que no, me miró estupefacto, algo que no entendí en su momento, pero sé hoy a ciencia cierta que se trataba de su sorpresa al comprobar que vendía La metamorfosis de Kafka a alguien que todavía no la había leído.

Y el pequeño gran libro me iluminó sobre el significado del adjetivo kafkiano…

#54

—Queda Vd. detenido.

—Voluntariamente me entrego.

— ¿Voluntariamente? No diga tonterías. Estaba al punto de cometer un crimen cuando nosotros…

—¿No le parece demasiada casualidad todo esto, señor agente? ¿No se ha planteado en ningún momento que el criminal y el delator sean la misma persona?

—¿Fue Vd. quien nos avisó? No tiene mucho sentido, la verdad…

—No tiene sentido porque su perspectiva es la del crimen, su círculo se cierra sobre sí mismo si el evento principal es la desgracia, pero este suceso, para mí, sí tiene sentido, es mi expiación.

—Oiga, mire, creo que se equivoca. La expiación no es lo que Vd. cree. Fui profesor de literatura durante 20 años y puedo asegurarle que emplea Vd. mal dicha palabra. Es a través de un tercero…

— Lo sé, lo sé. No se esfuerce. Repito: he aquí mi expiación.

El rostro del policía se contrajo en una extraña mueca; dudaba de si aquel hombre era verdaderamente consciente del significado del término expiación; parecía muy convencido de ello, se mostraba muy seguro, muy tranquilo. El agente tenía una última cuestión; una pregunta con cuya respuesta saldría de dudas. Dijo:

—Entonces sabrá que no es sino a través de un tercero…

—Ya le he dicho que lo sé, no tiene por qué explicármelo. Por fin, después de un largo periodo, mi conciencia se verá desposeída de la enorme carga que soportaba.

—¿A través de qué o de quién?

Voz en off: a traves de ti, lector.

La casualidad ha querido terminar en un 54, como la discoteca. Qué hábil es el azar. Quiero tener tanta mano izquierda como él, como el azar. Adiós.

#53

Inalcanzable por cotidianidad e inasible por pereza, a mi juicio, el objetivo principal de un autor no es sino el intento de plasmar de forma estética y reflexiva, desde lo alto de un pedestal, aquello que motiva su relato.

Si piso yo el barro, las palabras se desdoblan; ya no escribo: hablo.

Es fácil, está tirao, tiene que escribir, hombre, por dios, tiene que escribir bien… no puede poner en la página lo mismo que escuchamos en un bar. Nosotros en la cena del sábado nos contamos historias y nos reímos…

Si me subo al pedestal de nuevo, la tristeza me corroe, compruebo cómo el autor se limita a contar su historia, una historia cuya génesis procede de una confesión simple y burda. Concatena frases sueltas sin la menor traza artística.