#174 El ascensorista kafkiano

En Diarios 1910-1913 escribe Franz Kafka acerca de su visita a la sinagoga de Alt-Neu: Murmullos; apagados […] Tres devotos judíos, al parecer orientales. En calcetines. Inclinados sobre el libro de los rezos con el manto de las plegarias sobre la cabeza […] Las palabras no son propiamente ni principalmente cantadas, pero tras las palabras vienen unos arabescos formados con una prolongación, fina como un cabello, de esas mismas palabras.

Más de cien años después, en un realidad alternativa, el más indomable de una pareja de gemelos decide fisgonear en los cajones de su hermano. Encuentra su diario. Duda si leerlo o si devolverlo al cajón. Sabe que no debe… pero por otra parte ellos dos son la misma persona; tienen los mismos ojos; tienen el mismo pelo. Los dos son el mismo ser humano.

El cuaderno lleva por título Piedras y troncos.

Un ascensor (antiguo); la puerta se abrió con una especie de chasquido; la forma de la puerta era muy rara; se trataba de una puerta curvada. Entramos un hombre y yo.

Había tres niveles. Mi intención inicial fue subir al tercer nivel, pero no sé por qué el ascensor sólo subió hasta el segundo.

En ese momento, yo, muy preocupado por si alguien llamaba al ascensor y nos hacía bajar antes de que pulsara el botón del tercer nivel, apreté rápidamente el 3 y creo que finalmente lo conseguimos…

—¿Estás leyendo mis cosas? ¡¿Cuántas veces te he…

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#55 Kafkiano

La curiosidad puede llevarte muy muy lejos. Tú, no obstante, verás la anterior frase como un apotegma propio de la vejez, simples cosquillas en el cerebro que no se traducen en un hecho palpable. Tú, que, probablemente, nunca te has dejado arrastrar por ella, la verás como una consecuencia anecdótica del funcionamiento de la mente humana. Pero, ¡ay!, si tiras del hilo…

Mirad si soy independiente que a muy tierna edad leí a Kafka porque vi en un artículo el adjetivo kafkiano y no supe qué quería decir. ¡Por supuesto que lo busqué en el diccionario, hombre! Mi decisión de leer a Franz se debió a que la curiosidad me inflamó. ¿Cómo es posible que le hayan dedicado un adjetivo? En mi inocencia e ignorancia no lograba entender por qué, no conseguía imaginar qué podía haber escrito Kafka para que el mundo le regalase esa reverencia. ¿Absurdo? Si es absurdo, pensaba y ahora al escribir lo recuerdo con una grata emoción, si es absurdo… ¿por qué es bueno? ¿Por qué es brillante?

Entré en una librería, compré La metamorfosis, el librero me preguntó si era para regalo y le dije que no, me miró estupefacto, algo que no entendí en su momento, pero sé hoy a ciencia cierta que se trataba de su sorpresa al comprobar que vendía La metamorfosis de Kafka a alguien que todavía no la había leído.

Y el pequeño gran libro me iluminó sobre el significado del adjetivo kafkiano…