#135 Breves (I). Sexo

Ondulante como un alga en el fondo del océano, aquella blancuzca cortina se movía de un modo tan lento que resultaba artificial a la vista. El aire incorpóreo y tenue motivaba las insinuaciones de la tela. Tras ella, potente como los antiguos focos que usaban los gangsters en sus crueles interrogatorios, la luz del sol explotaba… y pintaba… las curvas de aquella cortina.

<Cortina ondulante>. <De perenne movimiento>. <Luz del sol>.

¿Nos levantamos ya? pregunta con su voz dulzona, aguda y femenina.

No le contesto.

Pongo mi mano en su abdomen desnudo y la deslizo lentamente hacia su pubis por debajo de sus bragas.

Empiezo a besarla…

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#134 La musicalidad de las palabras

La musicalidad de las palabras parece ser una cuestión nimia e irrelevante en la creación literaria, porque las palabras no hacen música; no, no la hacen: sólo la música hace música. ¡Sólo la música es música! A menos que una notación musical lleve unida una sílaba tras ella… esa sílaba siempre será, por sí misma, una simple sílaba. La palabra escrita, empero, posee un aspecto sinuosamente eurítmico, cuyo campo semántico linda con la musicalidad; la literatura, en muchas ocasiones, se eleva de manera armónica, equilibrada y completa. Aquella venerable filípica por boca del cura en la casa de los condes abroncando la imaginación de don Quijote se intuye (antes de terminar de leerla) cadenciosa e irrebatible, pues, como dijo el enérgico sacerdote, no habían ni caballeros andantes ni malandrines en La Mancha. Pese a cerrar su discurso como se cierran las melodías (sobre una nota concreta que cohesiona una obra musical), instando al de la Triste Figura a volver a su casa y a ocuparse de su hacienda, las líneas de Cervantes no son música. No, no lo son; pero contienen, en las frases subordinadas y en los signos de puntuación, una ritmicidad soberbia. Sin ningún Re, sin ningún Mi. Sin Fa, sin Sol, sin La. No encuentras tampoco el Do… o quizá Si.

#133 Diálogos (III)

La vida se repite. ¿Verdad que sí? Monótona, rutinaria y cíclica. Te has pasado tú, amigo, muchos años intentando avanzar, pero no en esos objetivos que todo el mundo se propone, no, no, tú has querido avanzar como ser humano; has querido descubrir quién eres; plantarte en la cima de una montaña que, si nosotros te pidiéramos describir, puede que no supieras expresarte con palabras, pero la vida se repite. La existencia de los humanos en la Tierra parece adscribirse a una especie de destino cuya tozudez e inmutabilidad nos obliga a ser de una manera, a tener una cantidad de dinero predeterminada, a trabajar en lo que vida quiere que trabajemos, qué puta la vida, eh, amigo. Qué puta.

¿No?

¿No es verdad lo que digo?

Vaya…

Tú quieres romper ese cristal. Veo que no te has rendido todavía.

¿Seguirás luchando por tus sueños?

Pues… tienes más moral que el Alcoyano.

Está bien, está bien, no te enfades. Retiro lo dicho.

#132 El novelista ingenuo y el sentimental. Orhan Pamuk

El novelista ingenuo y el sentimental. Orhan Pamuk. Editorial Mondadori

4 píldoras

1. En pocas palabras: la verdadera medida del valor debe residir en el poder de la novela para evocar la sensación de que la vida es exactamente así.

2. […] al lector debería quedarle la impresión de que incluso la descripción de una escena sin personajes o de un objeto que es secundario para la historia es una extensión necesaria (la cursiva es mía) del mundo emotivo, sensual y psicológico de los protagonistas.

3. La necesidad creativa de escribir novelas está motivada por un entusiasmo y una voluntad de expresar objetos visuales con palabras. Existen, ni que decir tiene, motivaciones personales, políticas y éticas detrás de cada novela, pero estas también podrían verse satisfechas recurriendo a oros medios de expresión, como las memorias, las entrevistas, la poesía o el periodismo.

4. El poder y la inmediatez de las imágenes, en contraposición a las palabras, explica los sentimientos secretos de inferioridad, la envidia de profundas raíces, que los novelistas que poseen una comprensión intuitiva de la situación— albergan hacia los pintores.

#131 Clint Eastwood. Hereafter

En las películas, la mayor parte de las veces, la música transcurre «paralela» a las imágenes. Un ejemplo brillante de este tipo de paralelismo lo vimos cuando Elliot y E.T alzan el vuelo con la bici dejando atrás a los policías que los persiguen en la famosa cinta de Steven Spieberg. En un conocido documental, el cineasta y el músico se refieren a este aspecto cinematográfico con el verbo ‘pintar’. Pintar el filme con la música.

Cuando la bicicleta despega, el tema da una nota que, en mi opinión, hace eterno a su compositor.

Sin embargo, existen ejemplos que alumbran un correlato entre imagen y sonido mucho más débil, más sutil; más soterrado. El espectador es quien debe juntar los dos planos conceptuales: el plano meramente visual con su background musical. Uno de estos ejemplos lo vimos en Hereafter (Más allá de la vida), de Clint Eastwood. En la escena que os enlazo, la música no parece pintar adrede las imágenes; está ahí por una feliz casualidad; muy necio ha de ser el espectador para no captar la disonancia entre lo que ve y lo que escucha. La famosa aria de Turandot tira del espectador hacia otro universo; representa el contrapunto; el equilibrio entre lo antiguo y lo moderno; como esas pinturas del siglo XVIII colgadas de los pasillos glaciales y minimalistas de las actuales galerías de arte.

Me fascina la composición de esa escena: dos eventos, tan aparentemente alejados el uno del otro a escala temporal, se fusionan en una parte del encuadre (por fortuna) invisible para quien mira.

#130 Hambre, de Knut Hamsun

Si leéis Hambre, de Knut Hamsun, es prácticamente imposible que os pase desapercibida la característica más genial que tiene ese libro. Vuestra imaginación os hará ver, os hará escuchar, os hará leer a alguien que se halla inmerso en el mayor bloqueo del escritor que jamás se haya reflejado en un libro. Tanto será así… que muy probablemente os arranque una sonrisa; os fascine; os divida la mente (como se divide la mente de los esquizofrénicos) porque, a medida que leáis, no podréis dar coherencia a unas palabras que fueron escritas por alguien que no conseguía concentrarse y escribir.

Y porque, por paradójico que parezca, el lector no percibe a Hamsun en las palabras; percibe al miserable que se muere de hambre… y que no puede escribir.

No puede escribir y sin embargo tú lo lees con claridad.

#129 Color

Me dice que él lo relaciona con el color azul y con unas pequeñas insinuaciones de blanco.

Además, me dice que, en su taller, en la pequeña casa que tiene en el pueblo de sus padres, lo está pintando sobre un lienzo. Yo le pregunté si era un paisaje de mar. No tiene por qué, contesta; pero el azul del cielo recuerda al mar y el azul del mar recuerda al cielo. Entiende perfectamente mi pregunta. Habrá una chica, le solté. Sí, claro, ¡cómo no! Después le pedí que me contase todos los detalles. Y me dice que su cuadro se presta más a la intuición que a la descripción. Me espeta, no sin una sonrisa, que los pulsos literarios me tienen absorbido el cerebro.

#128 En mi otro blog

He fantaseado a menudo con la idea de escribir sin apoyaturas, sin academicismo. A veces lo hice. Debo reconocer que el resultado me proporcionó un sentimiento contradictorio: por una parte, abomino de los textos de ese calibre, leo muchos de ese tipo, conozco a los de semejante pelaje: escritores vomitivos, con discursos agrios, con sus yoes hipertrofiados en todas las palabras del texto, a quienes no preocupa en absoluto la estructura del escrito. Huelga decir que esas parrafadas están lejos de ser literatura. Son otra cosa; no son literatura. En mi otro blog, paradójicamente, la entrada con más MeGusta es una entrada que defiende esa tesis caótica. Por un lado, me desagrada sobremanera ya que los renglones no se articulan, son líneas inconexas, cuyo mensaje es percibido a duras penas. Al leer esas frases, uno tiene la sensación de que hay un niño golpeando las teclas de un piano.

Sin embargo, sin embargo… el texto posee un aroma mitad tóxico mitad acomodaticio. Lo veo como a ese villano a quien incomprensiblemente cogemos cariño.

Quisiera saber por qué un escrito resulta significativo. Leo muchos manuales de narrativa, libros de ficción que también son ficticios. Me escribo con editores. Compro y leo novelas. Le doy muchas vueltas al asunto. Reflexiono sobre ello… pero no sé por qué un texto resulta significativo.

Seguiré buscando.

#127 Segmentabilidad

Fue un libro desclasificado durante un tiempo. Ahora DeBolsillo lo tiene publicado. Yo, por suerte, tengo uno en la primera estantería de mi biblioteca, de los de RqueR Editorial. Es la mejor lección para aprender a escribir. Con él te das cuenta de la segmentabilidad de la literatura: de dónde a dónde va.

Sobre literatura, de Umberto Eco.

#126 Papel y boli (II)

Un átomo de hidrógeno que vaga invariable desde el origen del universo. Testigo impertérrito de todo lo que ha ocurrido desde el principio de los tiempos. El origen de la vida en una charca infecta… Vio a Tutankamón. Vio a Bach. Vio a Ptolomeo. Vio a un brontosaurus comiendo hierba. El nacimiento y el colapso de las estrellas. La estela de todos y cada uno de los cometas. Conoce el paradero del asesino a quien la policía no logra capturar. Ha visto inundaciones. Ha visto cumpleaños. Lágrimas. Días de sol y sonrisas. Entierros. Y nacimientos con ramos de flores. Contempló sin inmutarse el asesinato de Julio César.

Te ha visto a ti durante toda tu vida…